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Un ave

Golondrina triste y mensajera vuela a mí con tu sol de plata y atraca tu alma en este puerto solitario y de lágrimas. Seca en mis manos el plumaje atacado por los perversos turbiones Largo y salvaje ha sido el viaje. Desenredaré las olas que murieron en el combate y en la cúspide vacía donde habitan árboles agrestes y angustiados. He de curar tus heridas con barro de mi tierra y poner trigo dorado en la ranura de tu adolorido pico. Hay nidos. Nidos de plata: hermoso hábitat en el santuario. Congojas. Amargas congojas. Llora la hora con su pesado reloj de acero. Pero duerme, duerme placida, humilde avecilla, que hay un silencio resguardado en la mirada y yo soy su sombra.

Copyright © | Year Posted 2016




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